domingo, 13 de mayo de 2012

DESCUBRIENDO ... LA ALPUJARRA II


La Alpujarra granadina es algo que me fascina. Me resulta increíble que a menos de una hora de la capital pueda existir un paraje tan impresionante. Una válvula de escape para aquellos que vivimos la mayor parte del tiempo encerrados en las mínimas comodidades de nuestros vehículos, en un estado de nervios continuo gracias a la imprevisible voluntad política que ha convertido Granada en un sendero de tubos, hierros, vías de tren e inexistentes estaciones de metro. Socavones descomunales que dejan al descubierto las vergüenzas capitalinas, mientras que a 77 kilómetros personas como tú y yo disfrutan de los privilegios otorgados por la madre naturaleza, no contaminados todavía por las sucias manos de aquellos que tan solo saben firmar cheques ajenos a sus cuentas corrientes para financiar obras sin sentido, diseñadas sin contar con la opinión de los que las sufrimos.

Mi tratamiento antisocial ha discurrido en esta jornada dominical a lo largo del sendero GR 142, con punto de partida en Busquístar, pasando por Ferreirola, Mecina Fondales, Atalbéitar y Pórtugos. En total 10 kilómetros (algo más de cuatro horas de duración). Se trata de un recorrido circular, que deja auténticas postales de ensueño para aquellos que son capaces de percibir esos pequeños detalles que convierten la vida cotidiana en algo diferente. 

He de reconocer que la dureza del camino es media. Traducido a nuestro idioma, ¡tengo un dolor de piernas impresionante!. Aunque la distancia entre Pampaneira y Busquístar es de escasamente 11 kilómetros, los paisajes que ofertan sus senderos son bien distintos. En ocasiones sus caminos vertiginosos discurren por arriesgados desfiladeros, que obligan al senderista a mantener en alerta todos sus sentidos. Por lo que recomiendo muy buena hidratación, protección solar y algo de comer, especialmente algo con azúcar. Sin tenéis la oportunidad, probad las aguas ferruginosas de sus fuentes, algo único aunque particularmente prefiero la embotellada.

Sin embargo, el duro camino tuvo su recompensa. La satisfacción personal de haber cubierto este reto, y las maravillosas carnes a la brasa del Mesón Joaquín (Trevélez), donde hemos podido recuperar en casi su totalidad las fuerzas perdidas. Muy recomendable. El regreso se hace algo duro, ya que los  99 kilómetros que unen Granada con Trevélez requieren de una hora y media en coche. Espero que os haya gustado mi segunda incursión alpujarreña. Nos leemos dentro de poco con nuevos descubrimientos. 























 Galería de Fotos al completo

@davidcorral2

viernes, 4 de mayo de 2012

DESCUBRIENDO ... NEW YORK

Estimados bloggeros, para comenzar he de ser justo con todos vosotros. Esta entrada es totalmente subjetiva y condicionada, ya que para un servidor Nueva York es la mejor ciudad del mundo. Sin género de duda y discusión. ¡Que no, que no!, que esto es una realidad incuestionable. Os lo puede asegurar una persona que ha estado de forma obsesiva viajando un verano tras otro, engañando a familiares y demás seres queridos, hasta llegar a la nada despreciable cifra de cinco visitas. Ojo, y que no pretendo que se quede ahí el tema. 

La primera vez que pisé suelo norteamericano fue en el 2002, a los 23 años, en un vieja totalmente independiente, a la aventura, y con el único objetivo de cubrir una inquietud personal. Un sueño hecho realidad, que era el de visitar la ciudad que había ocupado mi mente desde que tenía uso de razón. 

Sin embargo, y tras haber conocido a posteriori otros lugares de Norte América, os tengo que advertir de que Nueva York es una realidad que viaja en paralelo al resto del país. NY es el patio de recreo de multitud de razas y culturas, que conviven abiertamente, sin ningún tipo de limitación y exceso. Es una ciudad donde la vida real pasa de puntillas, quedando el viajero inmerso desde el primer momento en una película repleta de extras y tópicos desgastados. ¡No te sentirás defraudado!

Pero antes de entrar en ese maravilloso trance de luces y olores, en el que los cinco sentidos alcanzan límites desconocidos, hay que sufrir el desagradable proceso de entrar en el país. Las aduanas son un auténtico calvario. Cinco visitas, cinco anécdotas. El trato por parte de los agentes es serio y estricto, por lo que para el viajero emocionado e ilusionado por pisar Manhattan supone un frenazo en seco. Consejo: no poner malas caras, no inventarse palabras en inglés, rellenad bien los formularios (tenéis todo el vuelo para hacerlo) y tened siempre una sonrisa en el rostro. Tranquilos, todo el mundo pasa. 

El precio del taxi ronda los 50 dólares (preguntadlo antes de subiros, y así evitaréis sorpresas). A partir de ahí, todo es dejarse llevar. La primera imagen que se me viene a la cabeza es esa maravillosa postal del skyline neoyorkino. Comienza el rodaje de vuestra película particular, donde la cámara son vuestros ojos, y el disco duro aquellos recuerdos imborrables en una memoria, que normalmente es muy selectiva para estos temas. 

Por regla general, cinco días (cuatro noches) es más que suficiente, aunque una semana es el viaje que se suele concertar. A la hora de alojarse hay que tener muchísimo cuidado. No es una broma, un mal hotel en Manhattan os puede hacer la estancia un infierno. El hotel Pennsylvania suele ofertarse mucho por las agencias, a mí personalmente no me gustó, aunque su ubicación es impresionante. Por favor, ni se os ocurra meteros en el Hotel Carter. Una mala decisión de mi querida prima, a escasos metros de Times Square, y que resultó ser un nido de ... en fin, prefiero no recordarlo. El baño era el de psicosis, y en algunos cajones había ropa interior de huéspedes que seguramente llevaban varios años si catar el jabón. Pero tranquilos, el dinero no se lo llevaron ... aunque sí algunos donuts y galletas. 

Mi sí más rotundo a The Pod Hotel, algo más alejado del centro, pero perfecto para una estancia de ensueño sin dejarte un riñón (o por lo menos era así hasta hace poco). Hotel moderno, recientemente rehabilitado, y con vistas de ensueño. Mi mujer y yo pasamos unos días maravillosos. Por la noche te puedes subir a la azotea con una copita, y disfrutar del frenético discurrir de la ciudad que nunca duerme, desde una perspectiva privilegiada. 

A la hora de ver cosas, todas las que se os ocurran. Por favor, no caigais en la tentación de perder cuatro horas para ver la Estatua de la Libertad. Coged el Staten Island Ferry, que es gratuito. Pasa a escasos metros de ella. La veis de cerca, hacéis fotos, y además disfrutáis de nuevo del Skyline. Cuando lleguéis a Staten Island os volvéis a subir al Ferry, y de vuelta a Manhattan. Están circulando continuamente. 
No dejéis de ver algún tipo de deporte, aunque no le guste a vuestra parjea o acompañantes. De verdad, es un espectáculo totalmente distinto a todo lo que hayáis visto. Especialmente la NBA, porque ya de paso os dáis una vuelta por el Madison Square Garden, una construcción impresionante a escasos metros de Times Square. Si te va algo más auténtico, acercaos a Rucker Park, una mítica cancha situada en la 155 (Harlem), y con suerte puedes disfrutar del mejor Street Ball. Allí se forjaron auténticas leyendas del baloncesto. En verano las estrellas de la NBA suelen dejarse caer por esta pista para medirse a los héroes locales.

Los musicales son otro regalo para los sentidos. Yo he disfrutado del Rey León y el Fantasma de la Opera (en el Magestic), y ambos me parecieron magistrales. Puedes conseguir auténticas gangas si compras las entradas en Times Square. Merece la pena hacer algo de cola. 

Para comer la mejor hamburguesa del mundo (haced hueco porque también es una de las más grandes), el Jackson Hole (en la 35 y la 64), y el mejor perrito caliente en el Gray's Papaya. Éste último es muy famoso por la película 'Sólo los tontos se enamoran'. Mi mujer no puede dejar de llorar cuando ve esa escena. 

Comer en Nueva York suele ser muy asequible. Si estáis por el distrito financiero, Little Italia es una buena opción. En la zona centro, podéis tirar de Sbarro, que es una cadena muy grande de comida rápida que no te deja secuelas importantes. Además, tienen pastas, ensaladas y pescado, para cuando os queráis dar una tregua. Y si ya queréis pasar por un neoyorkino más, coged algo en un super, un par de perritos del Gray's, y de picnic a Central Park.

En cuanto a compras, si queréis falsificaciones China Town, aunque os advierto que ya no es ni  la mitad de lo que era. Si queréis ropa de marca a precios muy muy baratos, el centro comercial Century 21, situado en la misma Zona Cero (por cierto, otro lugar de visita obligada). Y una vez que estáis por el distrito financiero, os recomienzo que cojaís un metro, visitéis Brooklyn, para posteriormente volver a adentraros a pie en la ciudad a través de uno de sus puentes más célebres y cinematográficos.

Espero que estas indicaciones os sirvan para planificar vuestro viaje a Nueva York. Evidentemente, esta no es ni la quinta parte de lo que me gustaría transmitiros. Conozco multitud de sitios maravillosos. Si me mandáis un mail, os puedo aconsejar sobre cosas más concretas o dudas. Lo que sí que os puedo asegurar, es que no conozco a nadie que no haya sentido alguna vez la necesidad de volver a caminar por las calles de esta ciudad. ¡Visitad Nueva York, no os defraudará!.

TWITTER: @davidcorral2

martes, 1 de mayo de 2012

DESCUBRIENDO ... LA ALPUJARRA GRANADINA

Queridos amigos, me gustaría iniciar esta andadura con un paseo por una de las grandes maravilla de nuestra provincia, la Alpujarra. Lo cierto es que no soy precisamente la persona con mayor talento para el senderimo, pero he de reconocer que la facilidad para recorrer estos pueblos serranos es pasmosa. Tan solo tienes que subir en coche hasta Pampaneira, hacer uso del parking gratuito, y tomar esta localidad como punto de partida. De aquí salen multitud de rutas fantásticas. Yo particularmente, junto a mi queridísima esposa, recorrimos la senda que va desde Pampaneira a Capileira, pasando por Bubión.

El recorrido tiene aproximadamente unos 2,5 km, y no tardas más de una hora en hacerlo. Puedes disfrutar de una vistas impresionantes, y descubrir un lugar perfecto para perderte un buen rato y desconectar de los problemas más cotidianos. No hace falta ser un experimentado alpinista ni llevar un equipo muy especializado, tan solo necesitas dejarte llevar y no parar de observar a tu alrededor.

Eso sí, haced mucho caso a las indicaciones (dos rayitas de color amarillo y blanco) que te marcan  perfectamente el sendero. Nosotros no lo hicimos en una ocasión, y tuvimos que recorrer 40 minutos extra, que con el lamentable estado de forma en el que me encuentro actualmente fueron excesivos.

Como recompensa, un buen homenaje en Casa Alberto, un encantador restaurante situado en Pampaneira, con un personal muy amable y campechano. Las carnes a la brasa una maravilla, y si te dejas llevar puedes pedir vino de la tierra (no os paséis porque pega fuerte).

Pero mejor os dejo una imágenes que tomé durante nuestro paseo de tres horitas por la Alpujarra. Los urbanitas como yo disfrutaréis de un contacto directo con la madre naturaleza, pero sin tener que adentraos demasiado en la autenticidad de lo rural. Cada uno hasta donde quiera llegar.






TWITTER: @davidcorral2